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VII Domingo. Santísima Trinidad

Domingo de la Trinidad,. Todos los domingos son domingo de la Trinidad.

 

La Iglesia ha reflexionado muy profundamente acerca de quién es Dios, y esta gran doctrina de la Trinidad ha surgido a partir de esa conjetura.

 

Tres patrones para comprender, para comenzar a apreciar de qué se trata la Trinidad.

 

El primero es del gran San Agustín.

Regresamos a finales del siglo cuarto, principios del quinto, y Agustín nos brinda esta analogía de la Trinidad, que ha sido destacadamente poderosa a lo largo del tiempo.

Él sabía, a partir de la Biblia, que estábamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Más aún, sabía que Dios no es material sino espiritual.

Por tanto, no encontraré la semejanza en mi cuerpo; voy a encontrarla en lo que tengo de espiritual —esto es, mi mente.

Agustín mira hacia adentro, en lo profundo,

él fue uno de los primeros y mayores psicólogos,

mira hacia adentro y ¿Qué encuentra?

Encuentra, antes que nada, lo que llama “mens” en latín.

Que significa “mente”.

Nuestras mentes tienen esta capacidad muy peculiar de generar una “imago”, una imagen, un reflejo de ellas mismas.

Mi mente puede proyectarse afuera y verse objetivamente.

Ahora bien, sé que suena un poco abstracto, pero lo hacemos todo el tiempo.

Cada vez que decimos: “¿Qué estuve haciendo ayer?”, “¿Qué estuve pensando?”, “¿En qué andaba ayer cuando estuve haciendo aquella cosa?”.

Lo que está sucediendo allí es que yo me estoy proponiendo como un objeto de contemplación.

Existe un yo, existe un mí.

Se refleja de igual manera en los grandes idiomas.

“Je me demande” en francés:

“I ask myself” –en inglés,

yo me pregunto a mí mismo.

Lo que sucede ahí soy yo mismo proponiéndome como un objeto a contemplación.

Ahora, al realizar todos esos movimientos, no pienso nunca que me he dividido en dos personas, ¿cierto?

Soy yo.

Pero existe un juego entre lo subjetivo y lo objetivo.

Agustín se refirió a esto como “mens”, mente, y “notitia sui”, que significa “auto-conocimiento” —la imagen de uno mismo.

Bueno, sigamos profundizando.

 

La mente, al llegar a una mayor auto-conciencia, una mayor auto-comprensión, puede llegar a enamorarse más profundamente con lo que llega a conocer.

Piensa ahora: en el caso en que están en una relación de orientación, una relación con un psicoterapeuta, en una relación de dirección spiritual, incluso cuando hablas con un buen amigo sobre vosotros mismos.

Os estáis proponiendo como un objeto de contemplación y cuanto más comprenden, ¿Qué sucede?

Más llegáis a amaros, a apreciaros y tal vez a aceptaros.

Agustín llamó a esto “amor sui”, “amor a sí mismo”.

 

Entonces cuando se mira hacia adentro, a la mente de uno, no se divide en tres mentes, sino que en una mente existe un juego de “mens”, “notitia sui”, y “amor sui”:

mente, auto-conocimiento y amor a sí mismo.

 

Y esta, dijo él, es la gran analogía de la Trinidad.

Aquí podemos ver cómo estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.

 

En Dios entonces —el único Dios—  hay “mens”, la mente primordial tónica. Lo llamamos el Padre.

 

El Padre es capaz de formar una imagen perfecta de sí mismo, una palabra interior perfecta.

Esta “notitia sui” del Padre, la llamamos el Hijo.

 

Y ahora Padre e Hijo, mirándose entre ellos, exhalan su amor mutuo.

“Amor sui”, amor a sí mismo: lo llamamos el Espíritu Santo.

 

Así como nadie piensa que la mente está dividida en tres, aun cuando se obtienen estas tres dinámicas, nadie piensa que existen tres dioses, sino que el único Dios en tres personas.

 

El que jugó con esta idea también fue Gilbert Chesterton, que dijo que una gran cantidad de gente se siente incómoda con el vocabulario de la Trinidad, parece ser tan impenetrable o abstracto o racionalísta pero todos adoran la afirmación de que “Dios es amor”, ¿cierto?

 

La afirmación bíblica de que “Dios es amor”.

Pero, observó Chesterton, la doctrina Trinitaria es la representación explícita de lo que está implícito en la afirmación de que “Dios es amor”.

¿De qué modo?

 

Porque la afirmación no es solo que Dios ama.

Todo tipo de religión y filosofía podrían decir eso, que el amor es algo que Dios hace.

Pero si se dice que “Dios es amor”, en su propia naturaleza, él es amor, entonces debe existir, dentro de su unidad, una articulación entre amante, amado y amor compartido, un Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

En otras palabras, no pueden decir verdaderamente “Dios es amor” sin afirmar la Trinidad.

¿De acuerdo?

Ese es el modelo de Agustín.

 

Un segundo modelo: Karl Barth,

quien, junto a Paul Tillich, son los mayores teólogos Protestantes del siglo pasado.

Como buen protestante, Barth coloca el acento sobre la Palabra de Dios y en el principio, lo expresó en latín, que Dios ha hablado — “Deus dixit”, dijo en latín.

Dios ha hablado.

Y diréis, bueno, sí, ese es un principio básico de la religión bíblica.

 

Si Dios ha hablado, debe haber, dentro de Dios, un hablante.

Tiene que haber, más aún, una palabra que se habló.

Ahora, Dios ha hablado de muchas formas, dice la Biblia, así que en cualquier cosa verdadera y buena y hermosa, algo de la Palabra de Dios se ha pronunciado.

 

Pero es estos últimos días, escuchamos, Dios nos ha hablado a través de su Hijo.

Ha pronunciado su Palabra minuciosamente.

Existe entonces un hablante, existe una Palabra divina que se habló.

Un Padre y un Hijo.

Ahora, profundicemos, dice Barth.

¿Quién interpreta esa Palabra divina para nuestras mentes pequeñas, caídas, finitas?

No seremos capaces de asimilar la plenitud de la Palabra divina por nosotros mismos.

Lo que necesitamos es un intérprete divino de la Palabra.

Recordad que  en el Evangelio de Juan, cuando Jesús dice que el Padre y yo, cuando vaya al Padre, les enviaremos, y el griego es un “parakletos”; “kalein” significa “llamar”, parakletos es alguien que tu invitarías, de ahí en latín se lo llama un “advocatus”.

Lo mismo, “advocatus”, “llamado para ayudar”.

Es como alguien que va a ayudarte, como un abogado o un consejero.

Esa es la idea.

De eso está hablando Barth.

Está el Padre que habla,

está el Hijo que es la palabra que se habló

y ahora el Espíritu Santo es el “parakletos”, el Paráclito es quien interpreta la Palabra divina.

 

John Henry Newman está muy cerca de esto.

cuando Newman dice que la doctrina se desarrolla poco a poco en el tiempo, nunca contradiciéndose, nunca retrocediendo sino que se desarrollan distintos aspectos de la doctrina a través del tiempo.

 

Debe haber un hablante divino: lo llamamos el Padre.

Una Palabra divina hablada: la llamamos el Hijo.

Y luego un intérprete divino: a quien llamamos el Espíritu Santo.

Si Dios es amor, debemos hablar de la Trinidad,

y si Dios ha hablado, debemos hablar de la Trinidad.

 

3.- Un patrón más. De Benedicto XVI,

Joseph Ratzinger, que antes de convertirse en Papa fue uno de los grandes teólogos católicos del último siglo.

Dice esto: la doctrina de la Trinidad, que Dios es uno en esencia pero tres en personas.

Si miras la filosofía clásica, lo divino se asoció siempre con la plenitud.

Eso significa auto contenido, por sí mismo, sin necesidad, sin dependencia, todo eso.

Y lo relativo, provengo de mis padres, requiero oxígeno para respirar ahora, estoy en una relación, significa que estoy en un nivel menos elevado de ser.

Ratzinger dice que la doctrina de la Trinidad dice que Dios es un conjunto de relaciones y, por lo tanto, la relación es fundamental.

Relación es lo que es más básicamente real.

 

Esta es una forma en que lo explicaba:

Utilizamos esa palabra persona, las tres personas en Dios.

La palabra griega es “prosopon”, y tiene el mismo sentido de “opte” que es “ver”, pros-opon significa “mirar a otro”.

Si Dios es una persona,

incluso antes de que creara el mundo,

incluso antes de que existiera algo para mirar,

si Dios es una persona en su más propia naturaleza,

tiene que haber, de nuevo, dentro de Dios, ¿qué cosa?

Alguien que mira, alguien que es mirado, y la mirada que comparten.

Si Dios es en sí miso una persona,

entonces Dios debe ser este vínculo de relacionalidad.

Ahora, demos un paso más.

 

Cuando tradujeron ese griego al latín,

“prosopon” se transformó en “persona”.

Nuestra palabra ‘persona’ viene de allí.

Decimos tres personas.

Esa es una palabra muy interesante,

“persona”.

Viene de “personare”:

“sonare” significa “sonar”,

“per” significa “a través”.

Persona, en su significado básico, era la máscara que usaban los actores teatrales, y tenía una pequeña boquilla para que pudiera amplificarse su voz.

“Persona”, “personare”:

“Sonar a través”.

 

Si Dios es una persona, incluso antes de que creara el mundo, incluso antes de que hubiera algo alrededor, debe existir, dentro de Dios, alguien que habla, alguien a quien se le habla, y el discurso que comparten.

 

Una vez más, decir que Dios es una persona

significa que dentro de Dios rige algo como un juego de relacionalidad.

 

Tres modos de aproximarse al misterio.

Pero regresemos a Agustín, y terminaré con él:

¿Recuerdan la conocida imagen que comparte con nosotros?

Él tiene esta visión de este niñito en la playa y hay un hoyo en la arena, y el niño está intentando llenar el hoyo con agua del mar, y Agustín se acerca y le dice, “¿Qué haces?

¿Qué estás haciendo?”.

Él dijo, “Estoy intentando llenar este hoyo con todo el océano”.

Y luego se da cuenta que es ridículo pensar que puedo llenar esta mente pequeñita con el océano del misterio divino.

Así que, en este domingo de la Trinidad,

incluso cuando miramos legítimamente varios abordajes y patrones y caminos para comprender, al final del día, tenemos que rendirnos ante este gran misterio que se bosqueja y se extiende más allá de todo lo que podemos entender.

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